dimarts, 31 de gener de 2017

Batería moto Yuasa YB10L-B2 12V. 11Ah. con mantenimiento (40,90)


En onze mesos, la bateria Yuasa de la Suzuki 500 (80.800 km) es va morir just el 31 de desembre.



Donat que estàvem en una ona de fred i no em calia la moto, la vaig deixar estar uns dies i vaig tenir la feliç idea de comprar-la per internet. La factura d'instal·lació de l'anterior fou entorn dels 87 €
Se'm presentaven tres opcions:

Gel
Sense manteniment
Amb manteniment

Amb la lògica dispersa que em caracteritza, donat que la que tenia sols m'hi havia durant onze mesos, vaig decidir comprar-me la mateixa. En la meva descàrrega puc dir que el que no volia era equivocar-me en temes d'amperatge o voltis o especificacions que em són molt alienes.

Per què no vaig reclamar el canvi donat que estava en garantia? Encara m'ho pregunto.



Total que la compro i la rebo amb un bonic pot d'àcid sulfúric amb el qual he d'omplir els sis vasos de la bateria. Amb uns guants i molta por procedeixo amb èxit relatiu (cal eliminar les putes bombolles). Atenció: abans cal retirar el tap de color vermell. Es veu que si no ho fas, la humanitat pot desaparèixer.

Ho aconsegueixo sense afectacions greus, m'espero una mitja hora, la instal·lo i EVIDENTMENT no funciona.

Perquè funcioni tinc tres opcions:

  • Arrancar la moto espenyent i fer-li uns 30 km perquè carregui
  • Carregar-la amb un carregador de bateria (que no tinc)
  • Baixar les orelles i anar al meu mecànic de sempre i demanar-li. Si us plau, si us plau, que me la carregui.

Amb la primera opció no m'atreveixo. Ja em veig, fet pols, amb la moto per terra

La segona es podria suplir demanant el carregador (no goso fer-ho).

Em decideixo per la tercera. A cal mecànic no em volen cobrar res però deixo de propina 20 €

Total: 40,90 + 20 = 60,90 € i ara m'he de comprar un carregador (50 €) perquè no vull que em torni a passar.

dissabte, 28 de gener de 2017

La mitología occidental: Su disolución y su transformación por Alan Watts

La mitología occidental: Su disolución y su transformación por Alan Watts

En Mitos, sueños y religión (Varios autores). Edición a cargo de Joseph Campbell Traducción de Alicia Sánchez Millet Editorial Kairós Año 1970 ISBN 84-7245-364-2

En Occidente el universo se concibe como una monarquía. Ello supone un cierto conflicto para la mentalidad republicana estadounidense. Hasta los años 60, la única posibilidad de declararse objetor para eludir el servicio militar era argumentar que tu conciencia estaba supeditada a un ser superior que, a su vez, estaba por encima del Estado.

Otra idea fundamental en Occidente es la separación de la materia y el espíritu. En el Génesis, Dios crea al hombre a partir de la arcilla y después, a esa materia, le insufla vida. Esta separación de cuerpo y alma trabajada por Aristóteles y Santo Tomás de Aquino está absolutamente incorporada en el pensamiento occidental. Para un niño oriental, la pregunta ¿de qué estoy hecho? no es tan evidente.

En general, en el arte, se plantea la lucha de la inspiración contra la materia. Occidente analiza la naturaleza para buscar su composición (el árbol esta hecho de madera cuando en realidad el árbol es madera) o, en última instancia, busca el plan del "hacedor".

Comprendemos la realidad en base a patrones. Somos componentes en cambio constante que constituimos un patrón. Un amigo al que hace años que no vemos está constituido por elementos que no existían la última vez que lo vimos, pero seguimos reconociendo su patrón. Si lo analizamos llegamos al dedo, de ahí a la borrosa célula, de ahí a la aún más borrosa molécula. Necesitaremos un microscopio electrónico para llegar al átomo y más allá y al final veremos que no hay sustancia, solo patrones formados por "energía danzante".

Pero el individuo común no concibe así el mundo. Necesita un mito que le ayude a comprender. Igual que usamos un globo con puntos marcados para comprender la expansión del universo, entendemos la idea de Dios como un padre. El universo no es un globo, es como un globo y Dios no sería un padre, sino como un padre. Las imágenes, los mitos, tienen gran influencia y por eso ha arraigado tanto, en las culturas semíticas, la idea de Dios como rey político o padre autoritario.

En el XVIII y el XIX, hartos de esa vigilancia se consigue matar a Dios, pero las ideas principales de la tradición bíblica se mantienen. Entender la Palabra de Dios era anticiparse al futuro y de ahí la tradición de los profetas que sabían lo que iba a pasar. La ciencia occidental sigue en ello, interpretando lo que hay y anticipándose a lo que vendrá. Y la conclusión es que lo único seguro es la muerte y la destrucción de la materia. Por eso, sigue siendo necesario continuar confiando en el triunfo del espíritu sobre la materia, del alma inmortal sobre el cuerpo.

Pero si se va más allá y se pregunta a la gente sobre la vida inmortal, nadie está muy seguro de qué es lo que desea. Curiosamente cuesta mucho más elucubrar sobre cómo será el cielo que sobre el infierno. En el cuadro de Van Eyck "El juicio final" el cielo es monótono y, en cambio, nos interesa mucho más fijarnos en los detalles del infierno.

Dejamos a un lado el Dios autocrático para pasar a una incómoda racionalización. Pasamos de un Universo que está pendiente de nosotros a un Universo al que le damos exactamente igual, acabando por ser una mota insignificante en el infinito. El principio es mecánico, bolas de billar para Newton o teoría psicohidráulica en Freud: el inconsciente es un río que se puede embalsar o canalizar. Pasamos entonces de a máquina creada por Dios a un mecanismo –sigue la máquina- con reglas de funcionamiento pero sin autor.
Pero el ser humano racional como casualidad no difiere en demasía del ser creado por Dios: “ y vio que era bueno”; es decir, crea algo sin propósito y si le sale bien, pues mejor.

El auténtico cristianismo es muy escaso en Occidente. En su lugar hay un gran sentimiento de culpa frente al cómo deberían comportarse como cristianos y cómo se comportan en realidad.

La conciencia de esa existencia aleatoria e ínfima nos hace separarnos del mundo: “Hemos venido a éste mundo” “Hay que enfrentarse con la realidad” Tampoco estábamos integrados cuando nuestra alma pertenecía a una categoría diferente al cuerpo. Así la tecnología se empeña en dominar la naturaleza y aprovecharse de ella. Los dos grandes símbolos son el cohete y el bulldozer.

El cohete es un símbolo fálico. “Un falo en el sentido biológico no es un arma; es un instrumento para acariciar. La finalidad del falo es provocar el éxtasis en la mujer y quizá crear un bebé. No es para atravesarla como si fuera una espada.” (pág. 22) Por eso la finalidad del cohete no debería ser conquistar el espacio, sino exportar nuestro amor a otros mundos y, quizá, fertilizarlos.

El bulldozer es la profecía bíblica de elevar los valles y arrasar las montañas.

Por tanto, es absolutamente necesario un replanteamiento de la ciencia que busque la armonía con el resto del mundo para así participar de él.

Cuando Dios acusa a Adán, Adán acusa a Eva y Eva acusa a la serpiente. Dios y la serpiente se miran pero no se acusan: el plan estaba urdido de antemano y solo están representando la obra.

En el budismo no hay culpa. Lo malo que te pasa es tu propio karma porque ere Dios. Si dices eso en Occidente te encierran porque se presupone el modelo monárquico-autoritario y creen que esperas que todos te adoren.


La base del organismo es la cooperación. Incluso en el cristianismo existe la kenosis que consiste en la renuncia al poder por parte de la divinidad. El poder no es la solución. En un estadio de tecnología perfecto conoceríamos todo lo que va a pasar y el futuro conocido devendría pasado. La ausencia de sorpresa sería el tedio absoluto. “(…) la gnosis, la sabiduría perfecta o la iluminación, es sorprenderse con cada cosa.” (pág. 27)

divendres, 27 de gener de 2017

Cultura de Terry Eagleton



TÍTULO CULTURA
AUTOR EAGLETON, TERRY
EDITORIAL TAURUS
MATERIA Historia de la filosofía occidental
COLECCIÓN PENSAMIENTO
ENCUADERNACIÓN Tapa blanda o Bolsillo
Nº PÁGINAS 200
ISBN 978-84-306-1836-1
EAN 9788430618361
DIMENSIONES 213 x 133 mm.

FECHA PUBLICACIÓN 12-01-2017

No es fácil definir la idea de cultura, ni el papel que ésta desempeña en nuestras vidas. Terry Eagleton, uno de los críticos literarios y culturales más reconocidos y brillantes, ofrece una amplia historia intelectual que aboga por la recuperación del valor de la cultura como aspecto definitorio de lo que significa ser humano.En este libro, profundamente analítico y mordazmente divertido, Eagleton explora cómo la cultura y nuestra idea de ésta han evolucionado a lo largo de los dos últimos siglos -pasando de un elevado refinamiento a prácticas más modestas, y de ser una especie de baluarte defensivo frente a la penetración masiva de la industrialización a convertirse hoy en uno de los bienes más rentables del capitalismo-.Hablando de arte, literatura, filosofía y antropología con una frescura de la que solo él es capaz, y enlazando de manera magistral sus ideas con las de toda una serie de grandes (y a veces olvidados) pensadores como Johann Gottfried Herder, Edmund Burke, TS Eliot, Matthew Arnold, Raymond Williams u Oscar Wilde, Eagleton ofrece una visión convincente de la cultura, su contexto históricos y teórico, en relación con aspectos como el colonialismo, el nacionalismo, el declive de la religión.Eagleton también examina la cultura actual y censura la banalización y la mercantilización de lo que deberíamos considerar un medio vital para enriquecer nuestra vida social, capaz incluso de proporcionar el impulso necesario para transformar nuestra sociedad civil.Reseñas:«Siempre vivaz y al día, pero cargado de una notable erudición, Eagleton juega con su lector y, entre bromas y veras, lo instruye con dosis de precisión encomiables.»David Hernández de la Fuente, La Razón

Citat a El Ojo Crítico de RNE 27/07/2017

http://www.todostuslibros.com/libros/cultura_978-84-306-1836-1

dissabte, 14 de gener de 2017

La risa de Eça de Queiroz de Antonio Muñoz Molina

Fantàstic article de Muñoz Molina en Babelia de El Pais (13/01/2017) que fuig de la experiència i aposta per la epifania.

http://cultura.elpais.com/cultura/2017/01/12/babelia/1484247035_988185.html?por=mosaico

La risa de Eça de Queiroz

No hay un novelista que se haya reído tan libremente como el portugués del beaterío católico y de las ridiculeces de una religiosidad mezquina.

Hay paraísos practicables, paraísos inesperados y accesibles, paraísos terrenales al alcance casi de cualquiera, espacios y habitaciones de tiempo que se abren de golpe y que no necesitan durar mucho para colmar las horas o los días que ocupan. Cuando era joven, me intrigaba mucho eso que dice Borges no recuerdo dónde, que no hay día en que no pasemos al menos unos momentos en el paraíso. De joven, uno tiene una predilección literaria y a veces insensatamente literal por los infiernos. Ahora, cada vez que me encuentro en ese estado de serenidad, de júbilo contenido y muchas veces secreto, me acuerdo de aquellas palabras sabias de la vejez de Borges, y me doy cuenta de que las aficiones contemplativas favorecen mucho esas epifanías. (Procuro eludir la palabra “experiencia” porque los publicitarios la han vuelto al mismo tiempo omnipresente y a estas alturas ya casi deleznable).

Un contemplativo no es un místico. Es alguien que se queda extasiado de pura atención ante una maravilla cualquiera del mundo exterior: un río, la gente que pasa tras las ventana de un café, un cuadro, un árbol, una pieza de música, la belleza de alguien, el extrarradio de una ciudad desplegándose en la ventanilla de un tren, la tipografía de un cartel, el reflejo de la calle en un escaparate, un libro. La afición por la lectura favorece más todavía el descubrimiento de los paraísos accesibles. Dice Don DeLillo que la literatura es un oficio muy conveniente, porque se puede ejercer en cualquier sitio y con los materiales más usuales y más baratos, una hoja de papel y un lápiz. En este mundo de complicados paraísos tecnológicos, la lectura es más llevadera todavía. En cualquier ciudad civilizada hay no solo bibliotecas públicas y librerías abundantes, sino también puestos callejeros en los que por uno o dos euros o dólares se pueden conseguir las obras más raras, las mejores ediciones de toda la literatura universal. Con un libro que puede haberte costado menos que una cerveza tienes la posibilidad de horas extraordinarias de inmersión en un mundo que será todavía más deslumbrante y más saludable para ti porque te forzará a prestar atención a historias que no tienen nada que ver contigo, ni con tus amigos en las redes sociales, ni con tu época, ni con nada que te halague y te confirme en tus prejuicios y tu narcisismo y te convenza de que vives en el centro del mundo y en la cima del tiempo, y que desde esa posición puedes mirar con condescendencia, con lástima, incluso con desprecio, a todos los que han nacido antes que tú, lo mismo tus padres que los romanos del tiempo de Augusto. Otro rasgo fundamental de estos paraísos es que solo se encuentran por azar. En eso se diferencian también de los paraísos de las agencias de viajes. Uno tiende a organizar demasiado sus lecturas, o a dejarse guiar por lo que parece urgente leer en un momento dado: el azar impone correctivos saludables, porque te saca de tus obsesiones y de tus inercias, y te hace perderte por un inesperado camino lateral que resulta ser mucho más estimulante que el de lo premeditado.

Hay paraísos practicables, paraísos inesperados y accesibles, paraísos terrenales al alcance casi de cualquiera, espacios y habitaciones de tiempo que se abren de golpe y que no necesitan durar mucho para colmar las horas o los días que ocupan. Cuando era joven, me intrigaba mucho eso que dice Borges no recuerdo dónde, que no hay día en que no pasemos al menos unos momentos en el paraíso. De joven, uno tiene una predilección literaria y a veces insensatamente literal por los infiernos. Ahora, cada vez que me encuentro en ese estado de serenidad, de júbilo contenido y muchas veces secreto, me acuerdo de aquellas palabras sabias de la vejez de Borges, y me doy cuenta de que las aficiones contemplativas favorecen mucho esas epifanías. (Procuro eludir la palabra “experiencia” porque los publicitarios la han vuelto al mismo tiempo omnipresente y a estas alturas ya casi deleznable).

Un contemplativo no es un místico. Es alguien que se queda extasiado de pura atención ante una maravilla cualquiera del mundo exterior: un río, la gente que pasa tras las ventana de un café, un cuadro, un árbol, una pieza de música, la belleza de alguien, el extrarradio de una ciudad desplegándose en la ventanilla de un tren, la tipografía de un cartel, el reflejo de la calle en un escaparate, un libro. La afición por la lectura favorece más todavía el descubrimiento de los paraísos accesibles. Dice Don DeLillo que la literatura es un oficio muy conveniente, porque se puede ejercer en cualquier sitio y con los materiales más usuales y más baratos, una hoja de papel y un lápiz. En este mundo de complicados paraísos tecnológicos, la lectura es más llevadera todavía. En cualquier ciudad civilizada hay no solo bibliotecas públicas y librerías abundantes, sino también puestos callejeros en los que por uno o dos euros o dólares se pueden conseguir las obras más raras, las mejores ediciones de toda la literatura universal. Con un libro que puede haberte costado menos que una cerveza tienes la posibilidad de horas extraordinarias de inmersión en un mundo que será todavía más deslumbrante y más saludable para ti porque te forzará a prestar atención a historias que no tienen nada que ver contigo, ni con tus amigos en las redes sociales, ni con tu época, ni con nada que te halague y te confirme en tus prejuicios y tu narcisismo y te convenza de que vives en el centro del mundo y en la cima del tiempo, y que desde esa posición puedes mirar con condescendencia, con lástima, incluso con desprecio, a todos los que han nacido antes que tú, lo mismo tus padres que los romanos del tiempo de Augusto. Otro rasgo fundamental de estos paraísos es que solo se encuentran por azar. En eso se diferencian también de los paraísos de las agencias de viajes. Uno tiende a organizar demasiado sus lecturas, o a dejarse guiar por lo que parece urgente leer en un momento dado: el azar impone correctivos saludables, porque te saca de tus obsesiones y de tus inercias, y te hace perderte por un inesperado camino lateral que resulta ser mucho más estimulante que el de lo premeditado.

dilluns, 2 de gener de 2017

Que no decaiga...

Rafael Sánchez Ferlosio: "Todo es aburrimiento y vergüenza"

Entrevista con el escritor, que publica el tercer volumen de sus ensayos completos, 'Babel contra Babel'

Juan Fernández.
Foto de José Luís Roca
DOMINGO, 1 DE ENERO DEL 2017 - 22:48 CET

(...)

¿Y la literatura, la frecuenta? La cultura es un instrumento de control social. Hoy, sus máximas expresiones son el deporte, el cine y la novela. El fútbol y las novelas son las formas de control social más eficaces que tiene ahora mismo el sistema. Hace mucho que no leo novelas. No me interesan, no veo calidad en ellas, es imposible volver a encontrar a un Kafka.

Entiendo que tampoco va mucho al cine. Hace más de 30 años que no piso una sala. El cine dio todo lo que podía dar de sí en el pasado y ahora es imposible ver una película de calidad. Desde ‘Tiempos Modernos’ de Charlot, creo que no se ha vuelto a hacer una película igual. A veces intento ver alguna en la tele, pero no aguanto, sus argumentos son insoportables, pura ponzoña.

¿Son síntomas de los tiempos que corren? No sé si son síntomas de los tiempos, o son los tiempos los que responden a estos 'síntomas'. Más bien, creo que son los síntomas son los que mandan, los que definen el tiempo.

En diciembre cumplirá 90 años. ¿Cómo afronta esa cifra? Con normalidad, es solo una cifra, a ver si llego a ella, aunque a veces dudo si no convendría irse uno antes.

¿Qué le ilusiona ahora mismo? ¿Ilusionarme? Nada en absoluto. Todo es aburrimiento y vergüenza.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/ocio-y-cultura/entrevista-rafael-sanchez-ferlosio-5720342