dissabte, 15 de juliol de 2017

Tierra de campos de David Trueba

Títol: Tierra de campos
Autor: David Trueba
Pàgines: 404
Edició: Primera abril 2017
Editorial: Anagrama
Col·lecció: Narrativas hispánicas nº 584
ISBN: 978-84-339-9832-3
DIBA: N Tru

Jo diria que li sobren pàgines però és d'aquells llibres que deixen pòsit, que d'alguna manera afegeixes a la teva vivència personal i esdevé una mena de record afegit. Imagino que el tractar-se d'un cineasta fa que sigui molt visual.

El mateix fet de tractar-se d'un cineasta va fer que, en un principi, fos una mica reaci a la seva consideració com a objectiu a llegir. Fa massa por el círcul mediàtic per arriscar-se però en aquest cas pot ser el plantejament és diferent. I si és una mena d'aproximació a un pensament renaixentista en que es desenvolupaven diferents arts. Blitz ha rebut bones crítiques. 

Sigui com sigui, el resum podria anar per allò de "el esfuerzo merece la pena". 

Ha estat un llibre recomanat per Todo está en los libros i l'entrevista fou força agradable.

Uns quants detalls:

En un semáforo, un conductor treintañero me reconoció y me habló a través de la ventanilla. Tú eres Dani Mosca, ¿no? Asentí con la cabeza. ¿Se te ha muerto alguien?, me preguntó. Mi padre. Vaya, lo siento mucho. Tranquilo, le dije, fue hace ya casi un año. Ah. Y, ante su cara de pasmo, estuve a punto de decirle que desde entonces deambulábamos buscando un lugar para enterrarlo. (pág. 38)

Vicente siempre lo explicaba. Uno triunfa no por su genialidad, sino por su menosmalidad. Por ser menos malo que los otros. (pág. 54)

Había que lograr correrse sin relajar el oído, alerta, porque cualquiera podía abrir de pronto la puerta y que me pasara como a un compañero del colegio al que su madre le había descubierto cascándosela y que se había justificado con un miserable mamá, en mi clase todos lo hacen, que nos valió una reprimenda general del tutor del curso. (pág. 59-60)

Ávila está llena de vampiros, me decía para describirme la ciudad de la que procedía. (pág. 62)

Iba a un colegio de curas, nos dijo, en esa ciudad que mucha gente cree que está rodeada de muralla para que nadie entre, pero la realidad es que la muralla está ahí para que nadie salga. (pág. 94)

Era robusto, poderoso y sostenía que usar los frenos en la bici era de mariquitas, así que para detenerla provocaba un derrape que levantaba el polvo rojizo y se lanzaba al suelo a cuerpo limpio (...) Sostenía que hacerse una paja consistía en meterse una paja del campo por el orificio de la uretra y que los niños salían por el culo de las mujeres. Cuando naces, te cagan, me explicó. Y aquellos conocimientos fisiológicos suyos me sumían en una confusión profunda. (pág 112)

Jandrón agarró con un movimiento ágil a una de las gallinas, la inmovilizó con sus manazas y en medio de las protestas del animal, que se agitaba y perdía el plumaje, le introdujo el pene por su orificio trasero. La gallina, que era marrón y blanca, con el pico anaranjado, guardó un silencio intrigado cuando se sintió sodomizada. Ves como se calla, eso es que le gusta, y Jandrón la movía adelante y atrás. (pág. 113)

¿Qué pretendéis? ¿Que se me llene el corral de gatos?, nos dijo mientras metía a los gatitos en un saco de grano. Luego echó dos piedras pesadas dentro y ató la boca con un cordel. Yo sabía que era Ignacia quien había llevado el plato de leche hasta allí, pero no dije nada. Hala, ahora vais y tiráis el saco al río, nos exigió el padre de Jandrón, y como me entere yo de que los dejáis escapar, os pego una paliza que os escostrabazo. (pág. 115)

Al final de la calle había un prostíbulo, cerrado a esa hora, con un cartelón en tonos rojos que decía Borgia 2. Quizá no existía un Borgia 1, pero así daba aire de franquicia a esa fachada de ladrillo, rancia y decaída, que se ofertaba a la carretera con la promesa de putas baratas. (pág. 120)

Las rarezas de mi padre se añadieron a su resolución de seguir radiante pese a la situación dolorosa que vivíamos en casa. Fregaba los platos sin jabón, bah, si apenas están sucios. Limpiaba con la misma bayeta la taza del váter y el lavabo, por ese orden. (pág. 127)

Jandrón era ahora el alcalde. Se había convertido en una versión respetable del niño que conocí muchos años atrás cuando nos enseñábamos las pollas mutuamente. Ese detalle nos otorgaba una familiaridad a prueba de olvido. (pág. 226)

Llevaba una banda protocolaria cruzada en el pecho, pero en lugar de darle prestancia le hacía parecer un pollo envasado de oferta en el supermercado. (pág. 227)

À la merde. Lo siento, desolé, me dijo. Asentí con la cabeza, desolación. A lo mejor procedía de quedarse sin sol, a oscuras. Desolación. Desolé. Lo contrario de olé, sin olé. Desolé. Sin España, sin fiesta, ni toros, ni sol.  (pág. 229)

La música en estadios, los festivales con cien grupos, son inventos de alguien más preocupado por la taquilla que por el espectador. Todo esto se jodió cuando se impuso el concepto de público. Se desprestigió la individualidad, la relación personal, para primar la cantidad sobre la calidad. Es detestable pensar en el público, lo único interesante es pensar en una persona que te escucha. (pág. 235)

Me sonrió y me invitó a decir unas palabras. Negué con un movimiento de manos. No, no, sólo gracias a todos por venir, acerté a balbucear. Se desató espontáneo ese aplauso aprendido de la tele, donde todo se aplaude. (pág. 266)

Dedicamos un rato a admirarla entre sus tres compañeros de conjunto, donde había otra mujer más mayor, de aspecto risueño e insustancial. Nos faltaba precisión para determinar la edad de la violonchelista, pero sus rasgos eran el fruto de muchas generaciones que sumaron méritos hasta procurar el accidente de su perfección. Su pelo era de una lisura extrema, recogido en una cola de caballo que flotaba al moverse, y su labio superior formaba un arco armónico con la mandíbula en esa piel del color del papel de arroz. La coronación de su belleza llegaba al cerrar el párpado y descubrir un pequeño lunar imposible dibujado allí mismo, que aparecía y desaparecía con el movimiento de sus ojos, ahora sí, ahora no. Cuando nos alejamos hacia otras salas del museo costaba despegarse de allí, el cemento del suelo había cuajado con nosotros plantados, la música se sostenía en la lejanía con una sonoridad interminable (pág. 271)

Y ésa es mi labor principal como alcalde, pero claro, que además le pongamos tu nombre al centro es un honor, que ya te aseguro que a los de los pueblos de al lado les va a tocar los cojones, porque aquí mucho famoso no ha dado la tierra, no te digo más que la Biblioteca de Cejuños de Campos se la han tenido que dedicar a Paloma San Basilio, y sólo porque su bisabuela era de allí. Dicen que era de allí, corrigió la Luci con agresivo escepticismo. (pág. 277)

los ojos inventan lo que miran (pág. 289)

Animal se había escapado de putas la noche anterior, después de empujarme a mí a la habitación de Kei. En el Tobita Shinchi o barrio rojo, paseó por los escaparates donde se ofrecían mujeres para consumo, y sostenía, enigmático, que quien no se ha acostado con una japonesa no sabe lo que es el sexo, y los demás reían y pedían detalles. (pág. 290)

Mucho después me contó que Serrat había comentado con sorna el daño que aún hacían las canciones de amor. Le gustaba contar el empeño de un viejo amigo por ponerle un pleito a Frank Sinatra, porque al parecer mientras escuchaba «Strangers in the Night» le había pedido matrimonio a su mujer y quería reclamarle daños y perjuicios. Ya no recuerdo quién me dijo, algo después, que si la literatura y las canciones se dedicaran a glosar la grandeza inmortal de un buen plato de lentejas, todos iríamos a buscar las más sabrosas al final del mundo. Puede que tuviera razón. (pág. 292)

Su rostro era el accidente feliz en aquel entorno, y bajo el vestido estampado y gaseoso de verano el contorno de su cuerpo, como decía el poema, parecía casi un proyecto de arcángel en relieve, con unas piernas finas que acababan en dos botas militares sin cordones. (...) En el salón había diversas fotografías del padre de Jandrón, muerto unos años antes. No resultaba creíble que aquella muchacha tan hermosa pudiera proceder de los genes de aquel hombre que miraba cejijuntísimo a la cámara fotográfica, que lo retrataba con el gesto de quien piensa que ese invento no tendrá mucho futuro. Paula dijo, tras soltar al aire un saludo general, que había comido en casa de unos amigos. Yo llevaba un rato en compañía de la rama desafortunada de sus genes familiares y su entrada en escena me alegró. (pág. 292-293)

Cada despedida es un ensayo para la despedida definitiva. Con cada ocasión de un adiós le concedemos a la tristeza una jornada de prácticas. Así, Kei se empeñó en venir a despedirme al aeropuerto pese a que yo le pedí que no lo hiciera, que se ahorrara ese entrenamiento de un músculo que no se entrena. (pág. 321)

Son las hermanas de Gus, ¿te acuerdas?, el chico que tocaba conmigo, tuve que explicarle. Ah, el que se suicidó, dijo Jandrón, cuya sensibilidad aún está en busca y captura. (pág. 335)

No me pareció a primera vista un seguidor habitual de mis canciones, sino que más bien tenía cara de fotógrafo de platos combinados, así que levanté la vista con curiosidad para mirarlo cuando me habló. (pág. 338-339)

Al regresar a casa tras nuestras salidas de concierto, ella le obligaba a eyacular en la palma de su mano, para medir de ese modo si el volumen de esperma era el correcto después de unos días de abstinencia o la había engañado por ahí con cualquiera. Nos reíamos de Martán cuando tragaba botellas de leche de soja en la furgoneta de vuelta a Madrid, porque le habían contado que eso aumentaba el flujo de esperma y así esquivaría el tosco examen de fidelidad al que le sometía su mujer. (pág. 360)

Jandrón me señaló los andamios junto al altar de la iglesia, con el pequeño retablo a imitación del churrigueresco. Estamos restaurándolo, nos ha salido un mecenas, añadió Jandrón. Pero entrecruzó una mirada irónica con el párroco. Sí, menudo mecenas, dijo Javier. Bueno, es vecino del pueblo y muy creyente, con eso basta. Jandrón, por favor, le cortó Javier. Parecía una disputa ya habitual entre ellos. No sé si al venir por la carretera habrás visto un prostíbulo que se llama Borgia, me preguntó Jandrón. Borgia 2, dije yo. Sí, tiene seis entre Benavente y León, acojonante, pero las cosas son así, explicó Jandrón, ese negocio nunca está en crisis. (pág. 368)

Ella y yo nos volcamos en nuestra pasión profesional. Hacíamos el amor como funcionarios matrimoniales. Ya no había rastro de sus locuras de cama, como las llamaba ella, de sus fantasías sensuales, de sus poemas de almohada, de su pericia para practicar el cangrejo japonés, disciplina erótica que dejaba boquiabierto incluso a Animal cuando me obligaba a pintársela en detalle y explicarle cómo ella me había descubierto una masculinidad distinta en la contención. Pero eso era antes, ahora todo era follar con un pie en preparar los Cola-Caos del desayuno. (pág. 370)

Un tipo con sonrisa de lubina insistía en presentarse como un primo de mi padre y me alargó su tarjeta para decirme que trabajaba en una sucursal del Banco Bilbao Vizcaya de Palencia. Por si alguna vez necesitas algo. Gracias, gracias. Y me sorprendió que alguien pudiera caerte tan mal en tan breve espacio de tiempo, eso se llama optimizar los esfuerzos. (pág. 380)

yo solo espero haber sido tu mejor fracaso (pág. 389)

Los amigos siempre creen tener el poder de romper a golpes de cortafríos la tristeza de su íntimo. (pág. 390)

La Luci se acercó a mi lado un momento. Te acuerdas de cuando éramos críos, ¿verdad? Yo me detuve a mirarla para entender a lo que se refería. Ahora me arrepiento de no haberte dejado mirarme las tetas, y al decirlo recuperó la cara de hacía tantos años, de la adolescente con personalidad que fue, y soltó una risotada. Ya habrá otra ocasión, espero, le respondí. Cuando quieras, me dijo desafiante, y por primera vez encontré que la Luci conservaba un aire de rotundidad atractiva. (pág. 398-399)

Con un gesto desde la ventanilla lancé un adiós para el cura Javier que recibió también la mujer del concejal de festejos y que le hizo sonreír y activar músculos de la cara que tenía olvidados por desuso. (pág. 399)

Me habría gustado contradecirle. Decirle yo tengo mis raíces, ahí fuera esas tierras son mis tierras. Pero no era cierto. Miré a mis hijos en el asiento de atrás. Ellos no podrían llevarme a enterrar, como había hecho yo con mi padre, a un lugar que significara algo para mí. Gus tenía razón. San Gus. Éramos lo que hacíamos. (pág. 402)

diumenge, 9 de juliol de 2017

Reconstrucción de Antonio Orejudo

Título: Reconstrucción
Autor: Antonio Orejudo
Año: 2005 (1ª edición)
Editorial: Tusquets
Colección: Andanzas (nº 562)
Páginas: 270
ISBN: 978 84 8310 292 3

Contingut:
Conversación
Tipos
Teoría
Decepción
Pulmones
Expediente
Reconstrucción
Descenso

Ha estat un petit afegit de plaer lector llegir aquesta obra de Orejudo poc després de haver llegit El cristianismo hedonista de Onfray. Novament viatges per l'Europa Medieval en un moment de canvi i d'enfrontament a l'ortodoxia. Novament ets conscient que el progrés continu en el que pretenem viure es limita a aspectes tecnológics i poc més.

No ho sé si es pot considerar novel·la històrica. Suposo que sí perquè és una novel·la i parla -amb bastant rigor- de fets històrics. Així, els personatges que apareixen tant el la rebel·lió de Münster com bona part dels teòlegs són rigorosament històrics.

Recomano que et facis una petita guia dels personatges, ja que, en tractar-se de noms de pronúncia difícil, et pots embolicar -si ets una mica garrulo com jo- una mica.

En la línia d'Orejudo es troben girs tant de resolució en un diàleg com de personatges que, de cop i volta, vincules amb una part anterior de la trama. Fins i tot, al principi, hi ha esbossos d'un diàleg que no saps a qui correspon.

És molt visual i et permet un agradable viatje a l'Edat Mitjana en el moment de Reforma i Contrarreforma. A mesura que avança et va enganxant progresivament. Molt més que una lectura d'estiu.

"Entonces alguien le alcanza una espada a Mathijs, y este se lleva de un tajo la cabeza del disidente.
—¿Tú crees que la gente hizo algo? Nada.
—¿Y qué esperaba usted que hiciera? A la gente le gusta que de vez en cuando se corte alguna cabeza. Ver cortar una cabeza significa que no nos han cortado la nuestra, y eso siempre es motivo de alegría." (pág. 70)

"—¿Mathijs, el panadero? —pregunta alarmado el obispo—, ¿uno que hacía unas deliciosas obleas de sabores y unas rosquillas que estaban riquísimas?
—Sí, señor.
—Pues qué lástima quemarlo. Intentad que confiese la receta de las hostias antes de morir." (pág. 71)

"—¿Fue usted a la boda?
—Claro que fui. ¿Conoces tú a algún amante despechado que no aproveche cualquier oportunidad para hacerse daño y para hurgar en la herida? Esa actitud forma parte del dulce castigo. Y la verdad es que la boda fue espléndida y me ayudó mucho a sentirme miserable, que era lo que buscaba. Si alguna vez estás melancólico y te apetece profundizar más en tu miseria, intenta acudir a un festejo. El contraste entre tu estado de ánimo y la alegría ajena te hunde mucho más. Es infalible." (pág. 80)

"—Si hubieras leído a Tertuliano, comprenderías que no tengo nada de hereje. El hereje eres tú, Johannes Ecolampadio. Eres un hereje y una puta ramera parida por el vientre purulento de la podrida perra de tu madre.
—¿Qué has dicho? ¡Repítelo! ¿Cómo te atreves a insinuar que no he leído a Tertuliano?" (pág. 231)

A banda d'aquestes perles, un element que m'ha semblat molt destacable és el tractament quasi televisiu amb aires de documental quan fa opinar a Erasmo i Melanchton sobre l'obra de Servet. Ho fan en primera persona sense estar dins d'un diàleg.

"Pero a Erasmo el libro le disgusta.
—Aquel libro era demencial. Tenía un cierto mérito, no lo niego, pero en el fondo era un completo disparate. Y su propósito no era otro que el de provocar. A mis enemigos les hubiera gustado que yo formulara un juicio favorable sobre él, pero no quise darles esa alegría. Me había pasado media vida defendiéndome de las falsas acusaciones de arrianismo, y no iba ahora a elogiar la obra de un verdadero arriano como Servet.
Entre los reformistas Servet es considerado un fanático obsesionado con fundar una Iglesia propia, y su obra es inmediatamente prohibida. Ni siquiera Melanchton, uno de los protestantes más mesurados y con más sentido común, aprueba el texto.
—Servet era agudo, pero no muy sólido en sus planteamientos. Y a veces alucinaba. Empleo este verbo, alucinar, por no usar el verbo tergiversar. Porque si se me apura mucho yo diría que Servet tergiversaba las autoridades. Manipuló a Tertuliano y no entendió en absoluto a Ireneo. Servet era un fanático y no demasiado original. Sus ideas son una versión moderna de las de Pablo de Samosata. Quizás algo más confusas."  (pág. 234)

dijous, 6 de juliol de 2017

De rerum natura de Lucrecio

Autor: Lucrecio.
Título: De la naturaleza
Título original: De rerum natura
Año: En torno al 50 a. C. (55 a. C. año de la muerte de Lucrecio)
Editorial: Acantilado
Presentación: Stephen Greenblatt
Traducción, introducción y notas: Eduard Valentí Fiol
Año de publicación: 2012
Páginas: 607 (texto latino + texto en castellano)
ISBN: 978-84-15689-17-1
DIBA: P 822 LUC

Contenido
Presentación de Stephen Greenblatt
Introducción
Lucrecio
El poema
El texto
Bibliografía
DE LA NATURALEZA
Liber primus (1117 versos)
Liber secundus (1174 versos)
Liber tertius (1094 versos)
Liber quartus (1287 versos)
Liber quintus (1457 versos)
Liber sextus (1286 versos)
Cronologia
Suplemento bibliográfico (J. Pòrtulas)

Tiene algún momento destacable:

III 930 Si la vida ha merecido la pena, alégrate por haberla vivido Si ha sido una puta pena, cuanto antes palmes, mejor para no seguir pasándolo mal.
IV 1060: "descargar el humor acumulado contra un cuerpo cualquiera, antes que retenerlo y guardarlo para un único amor,..:"
IV 1140 Mejor no caer en las redes del amor ya que salir es difícil. Pero no lo será tanto si evitas idiotizarte y ver belleza donde no la hay, intelegencia donde hay necedad o virtudes donde hay vulgaridad.

Espanta un poco las similitudes con las tesis más recientes de la física atómica, el valor para negar cualquier papel a los dioses y considerar la razón y el estudio la principal forma de llegar a la felicidad

En cualquier caso, el texto es un tanto árido. Se puede leer pero ni es para lanzar cohetes ni demasiado imprescindible. Probablemente sea más rentable leer las interpretaciones de algunos filósofos sobre Lucrecio que intentar atacar la fuente sin referencias.

diumenge, 2 de juliol de 2017

Ventajas de viajar en tren de Antonio Orejudo

Autor: Antonio Orejudo
Título: Ventajas de viajar en tren
Año: 2011
Editorial: Tusquet Editores
Colección: Andanzas (nº 767)
Páginas: 152
Edición: 1ª Octubre 2011
ISBN: 978-84-8383-363-6
DIBA: N Ore

Avui, casualment, m'ha vingut la curiositat de veure com funciona el ISBN. A grans trets sempre comença per 978 (quan s'esgoti s'agafará el 979) segueix el codi de barres del pais (de moment Espanya amb el 84) i tot seguit 7 digits. Finalment, el tretzé és el codi de control que s'obté multiplicant el primer per 1, el segon per 3, el tercer per 1, el quart per 3 i així fins el dotzé. Es sumen i el valor es la part que falta per arribar a 10 de la suma dividida per 10. Es a dir, si dona 84, el resultat ha de ser 6.

Vaig, ho provo amb aquest llibre i resulta que està equivocat!. Te collons.

El codi de la pàgina 6 es 978-84-8310... i el de la contraportada -el correcte- és 978-84-8383... Quines coses,

Ja en Manual de literatura para caníbales, Reig fa alguna referència a Orejudo. Pero en l'entrevista de Todo está en los libros amb Sánchez Dragó, tots dos -Reig i Dragó- varen desfer-se en elogis d'quest autor i amic de Rafael Reig. I trobo que no van desencaminats.

Es llegeix, com a màxim en dues tirades. Entre que és curt i sobretot que et sacseja (m'agrada més en castellà, te zarandea) continuament, costa deixar-ho. 

Està farcit de moments que et fan pensar en altres autors. Personalment trobo similituds amb el detectiu d'Eduardo Mendoza, amb Saramago sense deixar de banda el homenatge a Juan Ramón Jiménez o evocacions a Torcuato Luca de Tena en Los renglones torcidos de Dios. En el Club de Lectura de la Universidad de Almería indican "Por el contrario, esta novela sigue a Cervantes en todo momento, tal como el propio Orejudo declaró en nuestro encuentro, es un plagio en cierta medida de El casamiento engañoso y El coloquio de los perros."

Per la seva banda, Franco Chiaravalloti en la Revista de Letras de 31/07/2014 senyala: "Ventajas de viajar en tren es un homenaje a aquel “pacto ficcional” de Coleridge: cuando leemos un libro, los lectores firmamos un pacto con la obra, sabemos que lo que se nos cuenta es mera ficción, pero igualmente aceptamos el artificio. Si no existiera este pacto, claro está, no habría literatura. Y este procedimiento consigue que los lectores dejemos de ver letras impresas para pasar a estar dentro de un tren en movimiento, atravesar el Mediterráneo en patera, o creer que una mujer puede sentirse un perro…" El mismo Chiaravalloti habla de varios "mise en abyme" como homenaje a Las mil y una noches

El primer personatge perdrà una carpeta vermella. La seva companya de viatge llegirá el contingut. Davant això es pot entendre que el llibre és un o bé es tracta d'un conjunt de narracions. En un article de la Universitat de Murcia es recull uns comentaris de l'autor: “Ventajas de viajar en tren debe mucho a dos novelas cervantinas, El casamiento engañoso y El coloquio de los perros, que pueden leerse como una novela o como dos. ¿Qué me atrae de estas dos novelas ejemplares? La libertad del lector para elegir si está ante una o ante dos novelas. El lector de Ventajas de viajar en tren también puede elegir si está leyendo una novela o una colección de cuentos”

No te'l deuries perdre.

Indice:
El casamiento engañoso
Las personas
Coprofilia
Depresión postesquizofrénica
Trastorno paranoico de tipo somático
Acatisia
Ventajas de viajar en tren

Comentaris (inclou referències a la trama)
Ya en la primera página establece una primera complicidad (que asco de palabra) con el lector: "Nuestro libro comienza a la mañana siguiente" (p. 11) pero es que ya la primera palabra es una invitación a un juego entre tú y el autor: "Imaginemos.." (p. 11)

Angel se presenta como un psiquiatra profesional pero poco a poco empieza a hacernos dudar: "...los textos de los coprófagos son muy entretenidos, y acaban siempre haciéndome reír." (p. 12)

Pronto se produce un fenómeno de metaconversación (14-15) de carácter científico en que se aborda desde un absoluto materialismo las relaciones humanas.

En su alejamiento del planteamiento inicial pasa de un "No sé si el doctor Crespo le ha hablado de mí" (pág. 12) a un rotundo "Por eso el doctor Crespo no le ha hablado de mí". Y pronto una nueva duda: está el autor tan "pa llá" como el protagonista? "Cuando el paciente esquizofrénico escribe está dando rienda suelta a su mundo de asociaciones, que cesa cuando cesa de escribir." (pág. 19)

"Yo he sido cinco años basurero. Cuando ingresé en el cuerpo me asignaron un camión y un par de compañeros, Paco Platero y el Gota. Platero era pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. El Gota era todo lo contrario." (pág. 58)

"A los once años pesaba noventa kilos; su cuerpo espantaba a las chicas, y su cultura, rebosante de lecturas impropias de su edad, asustaba a los chicos; pero a ella todo eso le daba igual, en el fondo despreciaba a sus contemporáneos. Fat se había pasado la infancia sola. Hasta que un día, acababa de tener su primera regla, al bajar del autobús escolar un coche le cedió el paso, y el conductor, un chico guapísimo, se la quedó mirando mientras cruzaba; ella se paró y lo miró también; y entonces él sacó la cabeza por la ventanilla y le gritó: —¡Cruza ya de una puta vez, gorda de los cojones!" (pág. 78)

"¿Alguien me puede decir en qué poema de Petrarca, Garcilaso, Castillejo, Bécquer o Gil de Biedma hay taras, defectos físicos o simples asimetrías? Y no hablo de imperfecciones de la piel que pueden ser una hermosa huella del paso del tiempo, etcétera, etcétera, etcétera; hablo de tener una pierna más larga que la otra, me cago en la hostia." (pág. 114)

El libro no se acaba realmente Martín vuelve de la muerte con cierta -pero no excesiva- sorpresa de Helga Pato y ahora lleva una carpeta verde.

"    - No esperaba volver a verlo –confesó Helga tratando de aparentar normalidad–. Pensé que estaba muerto.
    - Es natural. Le ha pasado a mucha gente; pero no le dé más importancia. Son las ventajas de viajar en tren. ¿Le apetece un poquito de conversación?" (pág. 151)