diumenge, 8 de novembre de 2009

1961-1989 El mur



Rafael Poch Corresponsal en Berlín 08/11/2009

"Con el régimen paralizado y la calle revuelta, en Berlín Este el poder estaba en el suelo. Dependía más de la calle que de los despachos, pero aun no se sabía. Desde principios de junio la apertura húngara propiciaba un multitudinario éxodo de ciudadanos hacia Austria, con embajadas de la RFA llenas de refugiados y un flujo creciente de manifestaciones y desafíos. El cancerbero moscovita no hacía nada contra aquello y aplicaba la Doctrina Sinatra ("haz lo que quieras"). En Berlín Este el poder estaba desconcertado, paralizado, deprimido.

En julio Eric Honecker, 77 años, el jefe del Partido de Estado (SED), enfermó y fue hospitalizado. Con el país hecho unos zorros, el 15 de agosto se fue de vacaciones para cinco semanas. Desde 1984 su compañero Günter Mitag le suplía en esos casos. No en esa ocasión. Honecker prohibió toda discusión sobre la situación política en su ausencia. Regresó de vacaciones con un "buen discurso" para celebrar el 40 aniversario de la RDA, como si nada, entre manifestaciones reprimidas que coreaban Gorby, Gorby al paso de Gorbachov, y una frase errática pero clara del líder soviético, que luego fue muy distorsionada, y que decía textualmente; "el peligro sólo amenaza a quien no reacciona a la vida".

Honecker no reaccionaba. El 17 de octubre fue destituido por una votación unánime del Politburó, resultado de una tardía conjura animada por varios de sus compañeros. (...) Egon Krenz, de 52 años, le sustituyó. Krenz hablaba de "cambio", pero carecía de toda credibilidad.(...) Mientras tanto, las manifestaciones crecían; el 9 de octubre habían sido 70.000 en Leipzig, el 4 de noviembre fueron medio millón en la Alexanderplatz de Berlín. El poder seguía en la calle, pero ahora la calle comenzaba a darse cuenta.

El régimen tenía aun una gran carta que jugar: abrir el odiado e infame Muro. La jugó tan mal que la convirtió en una nueva prueba de su desbarajuste. Tras aprobar una nueva libertad de viajar, previa obtención de un pasaporte ante la policía, el portavoz y miembro del politburó Günter Schabowski informó, el 9 de noviembre, al término de una conferencia de prensa anodina de la nueva norma sobre libertad de viaje sin dar detalles. A las 18,53 el corresponsal de la agencia italiana Ansa le preguntó, "¿cuando entra en vigor?". Schabowski, con las gafas puestas consultó el desordenado montón de papeles que manejaba, y respondió, como improvisando; "...tal como yo lo entiendo..., a partir de ya, inmeditamente". Comenzaba la estampida.

Bernd Wolterstädt, 39 años, padre de familia y funcionario del ayuntamiento de Berlín Este, escuchaba aquella conferencia de prensa retransmitida en directo por la radio y la tele. Oyó, pero no comprendió."Era como si nos hubieran dicho que el Papa estaba embarazado, simplemente no podía ser." Una doctora en físicas, cuatro años más joven que él, también escuchó aquello. Llamó a su madre por teléfono para comentarlo, y como cada jueves por la tarde se fue con una amiga a la sauna de la piscina del Thälmann Park. Su nombre era Ángela Merkel. Regresaban las dos amigas a casa con la bolsa de baño y pasaron por delante de la Bornholmerstrasse, donde se había abierto el muro. "Me mezclé enseguida con la gente para pasar a Berlín Oeste. Lo que sentí no se puede describir con palabras", ha explicado al rememorarlo.

Heinz Schäfer, oficial guardafronteras, dice que fue su puesto de la Avenida Walterdorfer, en el sector sur este del Muro, y no el de la Bornholmer, el primero en abrir. Cuando oyó la noticia en casa se fue corriendo a su puesto, confiscó toda la munición a sus soldados y les instruyó para que dejaran pasar a la gente". Miles de personas se concentraban en los puestos fronterizos. Había gran confusión, pero al final el asunto se resolvió según el mejor escenario. Aquella noche se cantó y se bailó sobre el Muro y a ambos lados de el. La Kudamm, el paseo burgués de Berlín Oeste por excelencia se llenó de "Trabant" y Wartburg", los utilitarios de la RDA, una estampa surrealista. El Canciller Kohl, que se encontraba en Varsovia, recibió incrédulo la noticia e interrumpió su visita oficial.

Al día siguiente en las autopistas en dirección al Oeste había hasta cien kilómetros de cola, la gente se amontonaba ante los bancos y cajas para recibir los 100 marcos (50 euros) de "dinero de bienvenida" que, astutamente, el gobierno federal de Bonn concedía a cualquier ciudadano de la RDA que presentara su pasaporte en el Oeste.(...)"

La Vanguardia 08 Noviembre 2009

Fotos d'abans i desprès (http://www.spiegel.de/international/germany/0,1518,660190,00.html)





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