dimarts, 8 d’octubre de 2013

Estudios sobre el amor de José Ortega y Gasset

Títol: Estudios sobre el amor
Autor: José Ortega y Gasset
Editorial: Revista de Occidente en Alianza Editorial
Col·lecció: Obras de José Ortega y Gasset. Colección editada por Paulino Garagorri.
Any: 1926
Primera edició: Argentina 1939
Segona edició:  en Obras de Ortega y Gasset: 1981 revisada
ISBN: 84-206-4107-3
Pàgines: 250

Contingut:

Nota preliminar de Paulino Garagorri

ESTUDIOS SOBRE EL AMOR
Facciones del amor
Amor en Stendhal
 I El amor visionario
 II Subitamente y para siempre
 III Amor a la perfección
 IV Diversidad del amor
 V Atención y "manía"
 VI De grado y sin remisión
 VII Enamoramiento, éxtasis e hipnotismo
 VIII
 IX
La elección en el amor
 I Revelación de la cuenca latente
 II Al microscopio
 III Amores sucesivos
 IV Las "equivocaciones"
 V La influencia cotidiana
 VI La selección erótica

OTROS ENSAYOS AFINES
El manifiesto de Marcela
La poesía de Ana de Noailles
Epílogo al libro "De Francesca a Beatrice"
Para una psicología del hombre interesante
Para la historia del amor
Paisaje con una corza al fondo
La solución de Olmedo
Meditación de la criolla
Prólogo a "El collar de la paloma" de Ibn Hazm de Córdoba

Captures de text de http://cashflow88.com/Club_de_lectura_UTB/Ortega-Y-Gasset-Estudios_Sobre_El_Amor.pdf

FACCIONES DEL AMOR

Diferència entre el desig i l’amor:
"Desear algo es, en definitiva, tendencia a la posesión de ese algo; donde posesión significa, de una u otra manera, que el objeto entre en nuestra órbita y venga como a formar parte de nosotros. Por esta razón, el deseo muere automáticamente cuando se logra; fenece al satisfacerse. El amor, en cambio, es un eterno insatisfecho. El deseo tiene un carácter pasivo, y en rigor lo que deseo al desear es que el objeto venga a mí. Soy centro de gravitación, donde espero que las cosas vengan a caer. Viceversa: en el amor todo es actividad, según veremos. Y en lugar de consistir en que el objeto venga a mí, soy yo quien va al objeto y estoy en él. En el acto amoroso, la persona sale fuera de sí: es tal vez el máximo ensayo que la Naturaleza hace para que cada cual salga de sí mismo hacia otra cosa. No ella hacia mí, sino yo gravito hacia ella."(pàg 15)

Mariana Alcoforado, monja portuguesa gaudint del seu dolor amoròs. Julie de Lespinasse no es queda enrere. No es pot evitar pensar en Teresa de Jesús.
 «Os agradezco desde el fondo de mi corazón la desesperación que me causáis, y detesto la tranquilidad en que vivía antes de conoceros.» «Veo claramente cuál sería el remedio a todos mis males, y me sentiría al punto libre de ellos si os dejase de amar. Pero, ¡qué remedio!, no; prefiero sufrir a olvidaros. ¡Ay! ¿Por ventura depende esto de mí? No puedo reprocharme haber deseado un solo instante no amaros, y al cabo sois más digno de compasión que yo, y más vale sufrir todo lo que yo sufro que gozar de los lánguidos placeres que os proporcionan vuestras amadas de Francia.» La primera carta termina: «Adiós; amadme siempre y hacedme sufrir aún mayores males.» y dos siglos más tarde, la señorita de Lespinasse: «Os amo como hay que amar: con desesperación.»(pàg. 16)

Peculiaritat de l’amor en la seva perllongació en el temps front al pensament o la voluntat.
"Porque -se habrá reparado- el acto de pensar y el de voluntad son instantáneos. Tardaremos más o menos en prepararlos, pero su ejecución no dura: acontece en un abrir y cerrar de ojos; son actos puntuales. Entiendo una frase, si la entiendo, de un golpe y en un instante. En cambio, el amor se prolonga en el tiempo: no se ama en serie de instantes súbitos, de puntos que se encienden y apagan como la chispa de la magneto, sino que se está amando lo amado con continuidad. Esto determina una nueva nota del sentimiento que analizamos; el amor es una fluencia, un chorro de materia anímica, un fluido que mana con continuidad como de una fuente. Podíamos decir, buscando expresiones metafóricas que destaquen en la intuición y denominen el carácter a que me refiero ahora, podíamos decir que el amor no es un disparo, sino una emanación continuada, una irradiación psíquica que del amante va a lo amado. No es un golpe único, sino una corriente."(pàg. 17-18)

AMOR EN STENDHAL

Tothom creu que ha amat i que ha gaudit de l’art...
“Stendhal no consiguió ser amado verdaderamente por ninguna mujer. No debe sorprender esto demasiado. La mayor parte de los hombres sufre igual destino. Hasta el punto de que para compensar la desventura se ha creado el hábito y la ilusión de aceptar como buen amor cierta vaga adhesión o tolerancia de la mujer, que se logra a fuerza de mil trabajos. Acontece lo mismo que en el orden estético. La mayor parte de los hombres mueren sin haber gozado jamás una auténtica emoción de arte. Sin embargo, se ha convenido en aceptar como tales el cosquilleo que produce un vals o el interés dramático que un novelón provoca.“(pàg. 29)

Cerquem una perfecció limitada, una perfecció al nostre abast.
“Enamorarse es, por lo pronto, sentirse encantado por algo (ya veremos con algún detalle qué es esto del «encantamiento»), y algo sólo puede encantar si es o parece ser perfección. No quiero decir que el ser amado parezca íntegramente perfecto -este es el error de Stendhal. Basta que en él haya alguna perfección, y claro es que perfección en el horizonte humano quiere decir, no lo que está absolutamente bien, sino lo que está mejor que el resto, lo que sobresale en un cierto orden de cualidad; en suma: la excelencia.”(pàg. 33)

Doctrina saint-simoniana:
“Recuerda esto la doctrina de los saint-simonianos, según la cual, el verdadero individuo humano es la pareja hombre-mujer”(pàg. 35)

Ceguesa en vers la realitat:
“Ya Descartes advertía que cuando al abrir la ventana pensaba ver pasar hombres por la calle, cometía una inexactitud. ¿Qué era lo que en rigor veía? Chapeaux et manteaux: rien de plus. (Una curiosa observación de pintor impresionista que nos hace pensar en Les petits chevaliers, de Velázquez, conservados en el Louvre y copiados por Manet.) Estrictamente hablando, no hay nadie que vea las cosas en su nuda realidad. El día que esto acaezca será el último día del mundo, la jornada de la gran revelación. Entretanto, consideramos adecuada la percepción de lo real que, en medio de una niebla fantástica, nos deja apresar siquiera el esqueleto del mundo, sus grandes líneas tectónicas. Muchos, la mayor parte, no llegan ni a eso: viven de palabras y sugestiones; avanzan por la existencia sonambúlicamente, trotando dentro de su delirio. Lo que llamamos genio no es sino el poder magnífico que algún hombre tiene de distender un poro de esa niebla imaginativa y descubrir a su través, tiritando de puro desnudo, un nuevo trozo auténtico de realidad.”(pàg. 36)

L’empatia i la percepció del proïsme no és el nostre fort:
“La mayor parte de la gente es torpe en su percepción de las personas, que son el objeto más complicado y más sutil del universo.”(pàg. 37)

Comença el show. Els que pensin que és un llibre d’autojuda en temes amorosos ja poden tremolar:
“Ahora bien: conviene resueltamente decir que el enamoramiento es un estado de miseria mental en el que la vida de nuestra conciencia se estrecha, empobrece y paraliza.”(pàg. 37)

Focalitzant i desenfocalitzant. El tòpic diu que sols ens passa als homes.:
“Es constitutivo de nuestra conciencia atender algo. Pero no le es posible atender algo sin desatender otras cosas que, por ello, quedan en una forma de presencia secundaria, a manera de coro y de fondo.”(pàg. 41)

Qué ens interesa realment? Qué és l’enamorament?:
“Hay quien, si en la conversación surge un dato económico, queda absorto, como si hubiese caído por un escotillón. En otro irá la atención espontáneamente, por propio declive, hacia el arte o hacia asuntos sexuales. Cabria aceptar esta fórmula: dime lo que atiendes y te diré quién eres. 
Pues bien: yo creo que el «enamoramiento» es un fenómeno de la atención, un estado anómalo de ella que en el hombre normal se produce. 
Ya el hecho inicial del «enamoramiento» lo muestra. En la sociedad se hallan frente a frente muchas mujeres y muchos hombres. En estado de indiferencia, la atención de cada hombre -como de cada mujer- se desplaza de uno en otro sobre los representantes del sexo contrario. Razones de simpatía antigua, de mayor proximidad, etc., harán que esa atención de la mujer se detenga un poco más sobre este varón que sobre el otro; pero la desproporción entre el atender a uno y desatender a los demás no es grande. Por decirlo así -y salvas esas pequeñas diferencias-, todos los hombres que la mujer conoce están a igual distancia atencional de ella, en fila recta. Pero un día este reparto igualitario de la atención cesa. La atención de la mujer propende a detenerse por sí misma en uno de esos hombres, y pronto le supone un esfuerzo desprender de él su pensamiento, movilizar hacia otros u otras cosas la preocupación. La fila rectilínea se ha roto: uno de los varones queda destacado, a menor distancia atencional de aquella mujer. 
El «enamoramiento», en su iniciación, no es más que eso: atención anómalamente detenida en otra persona. Si ésta sabe aprovechar su situación privilegiada y nutre ingeniosamente aquella atención, lo demás se producirá con irremisible mecanismo. Cada día se hallará más adelantado sobre la fila de los otros, de los indiferentes; cada día desalojará mayor espacio en el alma atenta. Esta se irá sintiendo incapaz de desatender a aquel privilegiado. Los demás seres y cosas serán poco a poco desalojados de la conciencia. Dondequiera que la «enamorada» esté, cualquiera que sea su aparente ocupación, su atención gravitará por el propio peso hacia aquel hombre. Y, viceversa, le costará una gran violencia arrancarla un momento de esa dirección y orientarla hacia las urgencias de la vida.” (pàg. 43-44)

Augment de la concentració:
“No se trata, pues, de un enriquecimiento de nuestra vida mental. Todo lo contrario. Hay una progresiva eliminación de las cosas que antes nos ocupaban. La conciencia se angosta y contiene sólo un objeto. La atención queda paralítica: no avanza de una cosa a otra. Está fija, rígida, presa de un solo ser. Theia manía («manía divina»), decía Platón. (Ya veremos de dónde viene este «divina», tan sorprendente y excesivo.) Sin embargo, el enamorado tiene la impresión de que su vida de conciencia es más rica. Al reducirse su mundo se concentra más. Todas sus fuerzas psíquicas convergen para actuar en un solo punto, y esto da a su existencia un falso aspecto de superlativa intensidad.”(pàg. 44)

Enamorament, no amor, com a imbecil·litat transitòria:
Reprimamos los gestos románticos y reconozcamos en el «enamoramiento» -repito que no hablo del amor sensu stricto- un estado inferior de espíritu, una especie de imbecilidad transitoria. Sin anquilosamiento de la mente, sin reducción de nuestro habitual mundo, no podríamos enamoramos.”(pàg. 45)
“Si en el paroxismo del enamoramiento pudiésemos de pronto ver lo amado en la perspectiva normal de nuestra atención, su mágico poder se anularía. Mas para hacer esto tendríamos que atender a esas otras cosas, es decir, tendríamos que salir de nuestra propia conciencia, íntegramente ocupada por lo que amamos.”(pàg. 46)

“El alma de un enamorado huele a cuarto cerrado de enfermo, a atmósfera confinada, nutrida por los pulmones mismos que van a respirarla.”(pàg. 47)

L’altra cara de la moneda, l’odi:

“Sólo hay un caso en que nuestra atención va por su propio pie a fijarse en otra persona, y, sin embargo, no se trata de enamoramiento. Es el caso del odio. Odio y amor son, en todo, dos gemelos enemigos, idénticos y contrarios. Como hay un enamoramiento, hay -y no con menor frecuencia- un «enodiamiento»”.(pàg. 48)

Etimologia de l'encantament
“El verso más antiguo es la fórmula mágica que se llamó cantus y carmen. El acto y el efecto mágico de la fórmula era la incantatio. De aquí encanto, y en francés, charme, de carmen.”(pàg. 50)

CONTINUARÀ....

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada