dilluns, 3 de febrer de 2014

rEDUvolution

En general, les noves propostes educatives em fan molta por, però encara em fa més por el manteniment de la línia actual.

Avui, a La Vanguardia, hi ha una entrevista a la profesora María Acaso, autora del llibre rEDUvolution. En algun paràgraf estic totalment d'acord:

-¿En España estudiamos más que aprendemos?
-Claro. Es un sistema de simulacro, un término que tomo de Joan Fontcuberta para hablar de la falsificación en la pedagogía. Los profesores hacemos ver que enseñamos, los alumnos hacen ver que aprenden, pero al final el aprendizaje no sucede. Es una especie de farsa.

-Lo que está diciendo es muy grave. ¿Qué tiene que suceder para que este aprendizaje sea real?
-Una transformación profunda. Si, por ejemplo, te están dando una clase sobre arte contemporáneo, esa transformación consistiría en llegar al museo y darte cuenta de que eso es algo interesante. No vale con tener una nota en el examen, sino que cuando te lleven a un contexto real, que es donde el conocimiento se pone en funcionamiento, se de una transformación en ti que te permita entender algo que antes no entendías. El aprendizaje significativo tiene que ver con la transformación del individuo, y con que esa transformación impulse un cambio social. Si el conocimiento sólo se queda en un examen, no hay aprendizaje. 

Això recorda el plantejament cubà vers el treball: "El gobierno hace como que nos paga y nosotros hacemos como que trabajamos"

Respecte a la bestialitat de supeditar-nos continuament al rellotge:

-Todo ello, y según su método revolucionario, aplicando el concepto slow también en educación. ¿Cómo sería esto llevado a la práctica?
-Las clases en la educación secundaria duran 45 minutos. Eso es un error absoluto porque, si quitamos los preliminares, les queda poquísimo tiempo de verdadero desarrollo de los contenidos. Es mucho más importante hacer clases más largas, con momentos de transición de manera más relajada e iniciando las conversaciones de manera más cálida. Pienso que es absurdo cerrar los tiempos; cuando realmente estás aprendiendo algo no acabas de golpe, hay que dejar más abiertos los espacios de salida. Esto significa pasar del aula a la reunión: cuando estás con tus amigos relajado, no hay hora de acabar u hora de cierre. Los tiempos que hay ahora lo único que provocan es ansiedad, prisa y dinámicas heredadas de lo cotidiano y que sólo conducen al estrés. 



L'entrevista sencera:

"Hay que acabar con la jerarquía del profesor en el aula"

La profesora María Acaso publica el libro 'rEDUvolution', dónde reúne y explica reformas educativas que tienen como objetivo transformar el sector de la pedagogía

La educación es una de las asignaturas pendientes que hay desde hace años en nuestro país. Desde que existe la democracia, España ha pasado por siete reformas educativas, y aún así es uno de los países con un mayor índice en fracaso escolar. El rechazo que ha generado en gran parte de la comunidad educativa la ley Wert se traduce ahora en el movimiento que protagonizan algunos decentes que reivindican un nuevo estilo de hacer pedagogía. Una de las caras visibles de esta corriente es María Acaso, profesora titular de Educación Artística en la Universidad Complutense de Madrid y que reúne sus ideas en el libro rEDUvolution. Acaso apunta a una transformación de la educación a través de cinco ejes: Aceptar que lo que enseñan los profesores no es lo que los alumnos aprenden, cambiar las dinámicas de poder entre profesor y alumno, habitar el aula, pasar del simulacro a la experiencia y dejar de evaluar para pasar a investigar. La docente cree que las clases tienen que ser algo más parecido a una reunión de amigos, y aboga por una educación slow que educe a los alumnos desde la ignorancia consciente y que huya de la evaluación para facilitar el aprendizaje. 

-La educación es uno de los sectores que menos ha cambiado en los últimos años. ¿Es algo estructural o hay que buscar una lectura más partidista y pensar que hay gente a la que le interesa que esto sea así?
-Es algo totalmente político. Estamos en un momento en el que acaba de aprobarse la ley Wert, una ley que ha dado marcha atrás en muchísimas cosas que estaban avanzadas. No es que no avancemos con respecto a otros sectores sino que retrocedemos dentro del nuestro.

-Entiendo, por lo que me dice, que la ley Wert no tiene para usted nada de revolucionaria…
-¡Es anti revolucionaria! Una de las cosas que hace es poner más énfasis en las reválidas de los exámenes, cuando hay un sentimiento común entre muchos docentes que esta fórmula ya no funciona. Lo que estoy percibiendo es que hay muchísimas personas que están totalmente de acuerdo con las ideas que expongo en el libro y esto permite crear un debate entre los docentes que tienen claro que hay que cambiar muchas cosas.

-Son siete reformas educativas desde que estamos en democracia. Alguien le dirá que cambios sí que se han producido…
-Lo único que demuestra esto es que no hay pacto en la educación, algo que pone encima de la mesa esta falta de iniciativa política por cambiar este sector. Es una clara evidencia de que nos hemos quedado anclados en un siglo anterior. 

-España es uno de los países con un índice más elevado de fracaso escolar. ¿Hay que señalar sólo al poder político o tenemos que hacer autocrítica y buscar más culpables?
-Los políticos tienen una parte muy grande la culpa, pero no son los únicos. Sé que es polémico pero, según mi opinión, otro causante es que la educación en España ha estado durante mucho tiempo en manos de la religión. La religión ha impregnado a la educación desde sus bases y ha creado un desfase que se traduce en resultados como los del informe PISA, que son muchos más retrasados que otros países como Finlandia, donde la religión tiene un papel cero y se avanza mucho más. Cuando la religión tiene más presencia en la educación esta se vuelve conservadora, y cuando no lo tiene es más progresista. De todas formas hay otra pregunta que me gustaría que la gente se hiciera…

-Adelante, formúlela en voz alta.
-¿Alguien se ha preguntado lo que han aprendido los alumnos en estos exámenes que evalúan los conocimientos para elaborar el informe?

-¿En España estudiamos más que aprendemos?
-Claro. Es un sistema de simulacro, un término que tomo de Joan Fontcuberta para hablar de la falsificación en la pedagogía. Los profesores hacemos ver que enseñamos, los alumnos hacen ver que aprenden, pero al final el aprendizaje no sucede. Es una especie de farsa.

-Lo que está diciendo es muy grave. ¿Qué tiene que suceder para que este aprendizaje sea real?
-Una transformación profunda. Si, por ejemplo, te están dando una clase sobre arte contemporáneo, esa transformación consistiría en llegar al museo y darte cuenta de que eso es algo interesante. No vale con tener una nota en el examen, sino que cuando te lleven a un contexto real, que es donde el conocimiento se pone en funcionamiento, se de una transformación en ti que te permita entender algo que antes no entendías. El aprendizaje significativo tiene que ver con la transformación del individuo, y con que esa transformación impulse un cambio social. Si el conocimiento sólo se queda en un examen, no hay aprendizaje. 

-Si suprimimos la evaluación, ¿cuál será el barómetro para medir lo que aprenden los alumnos?
-Si tenemos un sistema educativo basado en la evaluación y no en el aprendizaje, lo que ocurre es lo que está pasando ahora: que el único centro son las notas, la calificación, el miedo, la ansiedad…Nos tenemos que empezar a olvidar de las medidas y los números para entender que evaluar un aprendizaje es una cosa muy compleja porque ni el propio estudiante sabe lo que ha aprendido. Hay que intentar que la evaluación sea un proceso más complejo y volverlo más cualitativo. Lo que nosotros enseñamos no es lo que los alumnos aprenden. Hay un elemento en medio que es el inconsciente y que hay que aceptar como el tercer participante en el acto educativo.  Tenemos que olvidarnos de la obsesión por cuantificar el proceso educativo.

-¿La educación no es está basada en el binomio profesor-alumno?
-No. En otras esferas está completamente aceptado. Por ejemplo, en la información. Vosotros sabéis mejor que nadie que una noticia no es captada de la misma manera por diferentes lectores. ¿Por qué creemos que en pedagogía lo que dice el profesor es exactamente lo que aprende el alumno? Solamente un profesor que sea capaz de asumir esa realidad será capaz de llevar a cabo una revolución innovadora en educación.

-Habla de cambiar las dinámicas de poder en el aula. ¿Significa esto suprimir la jerarquía del profesor en el aula?
-Totalmente. Vivimos en un momento histórico donde hay un elemento que ha cambiado todos los sectores: internet. La red ha democratizado el conocimiento;  antes estaba sólo en manos de unas pocas personas y ahora resulta que ese conocimiento está en todas partes. Si el conocimiento está tan distribuido, es absurdo seguir utilizando jerarquías en el aula. El aula tiene que ser una metáfora de lo que está ocurriendo fuera: si fuera el poder está en mano de todos, en el aula tiene que ocurrir lo mismo. Es una evidencia que, por ejemplo, hay alumnos que saben mucho más de tecnología que muchos profesores y esto tiene que invertir los flujos. ¡Esto no quiere decir que el profesor no tenga nada que decir! El profesor es uno más de la comunidad y hay que aceptar que el resto de la comunidad también tiene unos saberes que hay que validar. 

-Perdone pero no me queda claro cuál tiene que ser entonces el papel del profesor con este revolucionario sistema. No están las cosas como para mermar de poder a la comunidad educativa…
-No digo que hay que quitar su poder, sino distribuirlo, repartirlo. Los profesores se tienen que acercar más a la figura del coach; que el profesor sea un acompañante de los estudiantes, siempre y cuando los estudiantes también sean acompañantes del profesor. El maestro tiene que animar a todos a descubrir y a ser perseverantes durante el proceso para llegar a tener unos resultados buenos. Tiene que ser una persona flexible, es importante que tenga humor, con afectos, con una vida privada…Es romper la dicotomía del profesor como policía: alguien hostil, del que no sé nada de su vida. Si todo es mucho más relajado, el aprendizaje sucede. Lo que está claro que el miedo no lo favorece para nada. 

-Entiendo que esa relación que me describe sólo se puede dar en aulas poco masificadas…
-Es un factor esencial, está claro. De hecho, en los países en los que se funciona con una educación más progresista, las ratios por clase son pequeñas. Aún así, esto que estoy diciendo lo puedes hacer perfectamente con 200 alumnos. Hay muchos factores que el profesor tiene a su alcance y que, de alguna manera, pueden rebajar el miedo y el sistema. 

-¿Cómo tiene que ser las aulas del siglo XXI desde un punto de vista de la distribución?
-Lo que tenemos ahora es la clase como fábrica: el profesor de pie ante la pizarra y encima de una tarima y los alumnos sentados delante. Lo único que ve el alumno es la nuca del alumno de delante. Esta comunicación espacial lo único que hace es cortar drásticamente los flujos de comunicación. Una de las cosas que niega la pedagogía tradicional es que nosotros tenemos un cuerpo, además de un cerebro. Lo que hay que hacer es revisar el mobiliario, la temperatura del aula, valorar si es mejor la luz natural o la artificial, tener en cuenta cuál es el mejor color para aprender…Son nociones que se tienen muy en cuenta a la hora de abrir una tienda o diseñar un aeropuerto, pero que no se han tenido en cuenta en la arquitectura escolar. Muchos son pasillos de azulejos que recuerdan más a un psiquiátrico que a un colegio. 

¿Los contenidos también tienen que ser elegidos democráticamente sin dinámicas de poder por en medio?
-Es fundamental que si quieres hacer partícipes a los estudiantes de su propio sistema de aprendizaje tienes que atender a lo que ellos les interesa. Siempre se puede elegir un tema que interese al estudiante y, a partir de ese tema, introducir el currículum. Tenemos que ser lo suficientemente creativos como para enlazar el temario con las inquietudes de los estudiantes.

-Póngame algún ejemplo.
-Si estás hablando de la nutrición, puedes empezar por introducir algo tan importante para los estudiantes como es el peso y abrir un debate sobre cuánto pesan ellos o por qué desean pesar eso. A partir de ahí, se enlaza con ese tema del currículum. 

-En su libro habla de la necesidad de fomentar la ignorancia. ¿Me lo explica?
-Internet tiene sus cosas buenas, pero también las malas, entre ellas que estamos intoxicados por exceso de información. Ante esta realidad hay que desarrollar la capacidad de decidir qué información quieres y de cuál quieres desprenderte. Esto es lo que yo llamo la ignorancia activa: ser capaces de enseñar a nuestros estudiantes a olvidar y a decidir con qué información se quieren quedar. La ignorancia, relacionada con el aprendizaje, era algo de lo que siempre teníamos que huir, y en el siglo XXI es una de las competencias que tenemos que desarrollar. 

-Todo ello, y según su método revolucionario, aplicando el concepto slow también en educación. ¿Cómo sería esto llevado a la práctica?
-Las clases en la educación secundaria duran 45 minutos. Eso es un error absoluto porque, si quitamos los preliminares, les queda poquísimo tiempo de verdadero desarrollo de los contenidos. Es mucho más importante hacer clases más largas, con momentos de transición de manera más relajada e iniciando las conversaciones de manera más cálida. Pienso que es absurdo cerrar los tiempos; cuando realmente estás aprendiendo algo no acabas de golpe, hay que dejar más abiertos los espacios de salida. Esto significa pasar del aula a la reunión: cuando estás con tus amigos relajado, no hay hora de acabar u hora de cierre. Los tiempos que hay ahora lo único que provocan es ansiedad, prisa y dinámicas heredadas de lo cotidiano y que sólo conducen al estrés. 

-El miedo al cambio es habitual en nuestra sociedad. ¿Se ha encontrado con docentes que congregan con sus ideas pero que no se atreven a ponerlas en práctica para evitar reprimendas?
-Muchísimos. Hay profesores que lo que tienen es miedo de lo que le puedan decir los directores, inspectores o incluso los padres. Como profesores tenemos que vencer el miedo, estar comprometidos con el cambio de paradigma y llevarlo a cabo, ya que estamos en un momento histórico. En el caso de que las presiones sean muy grandes lo que hay que hacer es cerrar la puerta y, en algunos casos, mentir al inspector. No tenemos que dejar de hacer lo que queremos hacer por el miedo a esas figuras. Otras veces los profesores tienen miedo a lo que los padres puedan decir, y se crea un buckle absurdo. Hay mucho miedo al cambio, pero tenemos que educar a los estudiantes ante esa incertidumbre porque es una realidad muy palpable que nos acompaña. 

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