dimarts, 13 d’octubre de 2015

Las irreales omegas de Quim Monzó. La Vanguardia 13/10/2015

Cuando el viernes supe que, con motivo del estreno de Segon origen, varios periodistas han pedido los últimos días entrevistas con Bigas Luna –promotor y guionista de esta película–, lejos de caérseme el alma a los pies decidí volver a beber, puse un par de cubitos en un vaso de boca ancha y abrí una botella de Tullamore Dew que tenía a punto para el día que tirase la toalla. 

La colega Astrid Meseguer lo explica en este diario: “Con motivo del estreno de Segon origen, una agencia de comunicación ha recibido recientemente varias peticiones de periodistas para entrevistar a Bigas Luna, muerto en abril del 2013. Un tuit publicado por la responsable de prensa de la película en el que pedía a los periodistas que, por favor, pensasen antes de llamarles, ha causado revuelo en las redes, con más de un centenar de retuits y mensajes de estupor ante la ignorancia de ciertos profesionales”. 

Acabado el primer vaso de whisky recordé el caso de aquel periodista de Catalunya Ràdio a quien, hará una década, le pidieron una pieza sobre Adolfo Marsillach y no sabía quién era. Eso puede ser hasta cierto punto comprensible porque las generaciones se suceden y los actores y directores de una época, en la época siguiente son a veces ignorados. Mis padres me cantaban la excelencia de intérpretes que para ellos eran importantísimos y yo no sabía quiénes eran. Más grave es el caso de los estudiantes de periodismo –¡de periodismo!– a los que les hablas de Oriana Fallaci y no saben quién fue. O el de aquel alto cargo del Patrimoni Escrit i Documental del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya que, a principios de los años ochenta, un día que iba a haber la presentación de una nueva edición de Tirant lo Blanc, preguntó si el autor, Joanot Martorell, asistiría. 

Un día, Jaume Vallcorba, que había visitado asiduamente a J. V. Foix durante los años en los que preparó su Obra poètica, me explicó que le había comentado el caso de un periodista que una tarde fue a su casa, en la calle Major de Sarrià, a hacerle una entrevista. La primera pregunta que le hizo fue: –¿Qué libros ha escrito usted, se­ ñor Foix? El señor Foix le contestó que unos cuantos metros más abajo, en aquella misma calle Major, había una librería. Le aconsejó que fuese, que comprase sus libros, que los leyese y que luego volviese. ¿Cómo iba a entrevistar a Foix un periodista que no sabía ni siquiera qué libros había escrito? ¿Cómo habrían podido entrevistar ahora a Bigas Luna periodistas tan poco interesados en él y en su obra que ni siquiera saben que murió hace dos años y medio? Vierto a la pila los restos aguados de los cubitos, pongo dos más en el vaso y añado un nuevo chorro de Tullamore Dew

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