diumenge, 24 de febrer de 2013

Racine, amb dos...

Aquest bonic episodi de la vida de Jean Racine fa pensar en el Fahrenheit 451 i, com no, en les intoleràncies.

En 1658, Jean Racine, que por aquel entonces tenía dieciocho años, mientras estudiaba en la abadía de Port-Royal bajo la mirada atenta de profesores religiosos, descubrió por casualidad una antigua novela griega, Las historias etiópicas de Teágenes y Clariquea, cuyas ideas sobre el amor trágico tal vez haya recordado años más tarde, cuando escribió Andrómaca y Berenice. Racine se había llevado el libro al bosque que rodeaba la abadía y había empezado a leerlo con avidez cuando lo sorprendió el sacristán, que se lo arrancó de las manos y lo arrojó al fuego. Poco después Racine consiguió un segundo ejemplar, que también fue descubierto y condenado a las llamas. Esto lo animó a conseguir un tercer ejemplar y a aprender la novela de memoria. Más tarde, entregó el libro al terco sacristán y le dijo: «Puede quemar este también como hizo con los otros.»

Una historia de la lectura de Alberto Manguel. Lumen 2ª ed. 2006 pàg. 120

Las etiópicas o Teágenes y Cariclea. Aquiles Tatius Heliodoros Ed. Gredos

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