divendres, 12 de febrer de 2016

Colofón fantástico de Wenceslao Fernández Flórez

Título:  Colofón fantástico (Obras completas Tomo III)
Año: 1932
Autor: Wenceslao Fernández Flórez
Páginas: 32 (655-686/1049 papel biblia)
Editorial; Editorial Aguilar
Edición: Sexta edición 1964. Primera reimpresión 1969
Códificación: Depósito legal M.27078-196

La datación de 1932 no es del todo segura, pero parece que el "Colofón" es, justamente eso, un colofón a El hombre que compró un automóvil y, por tanto, seguramente fue publicado en la misma fecha.

Está ambientado más allá del 2207, año en el que se erige una estatua a los precursores de los conductores del futuro. La visión futurista se queda corta ahora que Google está ya cerca de empezar a poner coches -verdaderos automóviles en el sentido de que se moverán solos- La justificación provoca ternura: si los coches se mueven sin conductor es que tienen vida propia...

El nivel es mucho menor que el de "El hombre que compró un automóvil". Es más bien una obra descriptiva, poco más que una anticipación de Transformers (imagino porque nunca he conseguido ver más de cinco minutos de semejante bodrio pese a que lo he intentado con todas mis fuerzas).

De todos modos, se le perdona todo por la frase final en la página 686.

Lector: me acongoja la idea de que me retires la estimación que pudieras tenerme al sospechar, ante este indició, que me dedico a pergeñar fantasías delirantes acerca de lo que ha de ocurrir dentro de un milenio.
No; la verdad es que no lo sé. Y todavía es más verdad que no me importa. Ni siquiera corro detrás de ese misterio tan próximo — pero tan hermético — que se llama «mañana». Me contento con saborear los sucesivos segundos del presente, que es, al fin, la única manera de vivir la vida.
Pero yo he atravesado ayer la plaza de la Cibeles, a pie, quizá a las siete, quizá a las siete y media de la tarde. Y he escrito después. Y en mi imaginación no habría más que fragmentos de pesadillas, en las que todos los personajes eran automóviles de ojos encendidos, iracundos y clamorosos, animados de una vida propia y real, ansiosos de sangre humana.
Fue una imprudencia, y... éste es el resultado. Naturalmente, no lo volveré a hacer...

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