dijous, 18 de febrer de 2016

Fantasmas de Wenceslao Fernández Flórez

Título:  Fantasmas (Obras completas Tomo III)
Año: 1930
Autor: Wenceslao Fernández Flórez
Páginas: 167(689-857/1049 papel biblia)
Editorial; Editorial Aguilar
Edición: Sexta edición 1964. Primera reimpresión 1969
Códificación: Depósito legal M.27078-196

Fantasmas es un conjunto de seis narraciones compuesto por:

  • Siglo XX
  • La carretera
  • El fantasma
  • Mi mujer
  • Aire de muerto
  • El ejemplo del difunto Pedroso

En la edición de Aguilar están unidos en el mismo cuerpo aunque en el índice no queda tan claro. La datación de 1930 se toma de Paz Otero en 


Siglo XX con una estructura muy conservadora nos presenta cuatro capítulos siendo el primero el de la presentación de los tres fantasmas que van a protagonizar, cada uno y por separado, tres historias en tres capítulos. Son tres historias de inadaptación y fracaso a los tiempos modernos.

La carretera, es una mezcla de dos de los temas más queridos por Wenceslao: fantasmas y automóviles con un desenlace sorprendente pero necesario. En el blog Mango Street http://yovivoenella.blogspot.com.es/2013/10/wenceslao-fernandez-florez-la-carretera.html se indica que este relato fue publicado en Blanco y Negro en 1927. Efectivamente, se publicó el 02 de Enero de 1927 en las páginas 125 a 127 con dibujos de M. Ramos.
El fantasma es una de las muchas obras de Wenceslao que llegaron al cine. Tomó el título de El destino se disculpa (1947) y fue dirigida por José Luis Sáenz de Heredia y protagonizada por Rafaél Durán y Fernando Fernán Gómez.
En el libro, los personajes son Teófilo Arnal y Tomás Capulino, en la película creo (la vi hace muchos años) que los personajes cambian de nombre.
En cualquier caso y como era de esperar, "Dos días después Capulino guardó cama y murió de pulmonía doble. Teófilo le cuidó, le lloró y se vistió de negro para llevarle al campo santo." pág.759
Se puede consultar el capítulo II en la hemeroteca de ABC del día 14 de mayo de 1933 en página 47 y siguientes.

Mi mujer: O de cómo un sujeto amora -que no inmoral- ve como el amor -o sus derivados- triunfa más allá de la muerte.
"Sería inútil buscar la menor alusión a este acto en los períodicos de aquella época, porque, aunque se redactó una nota y mi compañero Juan Agulló se ofreció insistentemente a llevarla a El Combate, lo cierto es que nunca la vimos publicada; la avidez con que leímos el tal diario al día siguiente solo se detuvo en cierta noticia un poco misteriosa que afirmaba que un sujeto completamente borracho,  cuyas iniciales eran J. A., había agredido al director del periódico por negarse a insertar la cuenta de un sastre que el aludido J. A. había sacado del bolsillo y puesto sobre la mesa de Redacción exigiendo que "saliese en primera plana". pág. 802

Aire de muerto: "(...) Si Ildara se hubiese llamado Josefa, nunca la habría amado.
-¿Nunca?
-Nunca -afirmó solemne el fantasma.
pág. 849

El ejemplo del difunto Pedroso: Partiendo de una reflexión sobre la maravillosa vida de los anuncios en que todo es felicidad, la cosa acaba en un elogio de la dignidad de la pereza:

Acababan de dar las doce cuando se abrió la puerta del café. Y entró Pedroso.
Pedroso había muerto hacía tres días. Nadie puede admirarse de que a mí me extrañase un poco verle entrar.
El hombre dio una rápida ojeada a las mesas y vino hacia mí. Me contrarió aquello, pero mientras se acercaba tuve tiempo a pensar:
—Este Pedroso va a fastidiarme de veras. No tengo humor ni para moverme de mi asiento, y si él se acerca no me queda más remedio que hacer lo que hace todo el mundo delante de un aparecido. Será necesario que dé un grito, que agite los brazos, que me desmaye... Desde luego, no podré seguir fumando ni podré terminar el ponche...
Tuve una idea magnífica.
—Fingiré no saber su defunción.
El espectro estaba ya ante mí. Adopté un gesto amigable.
—Buenas noches, querido Pedroso. ¿Cómo le va?

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