dissabte, 28 de novembre de 2015

Historia mínima de la literatura española de José-Carlos Mainer

Título: Historia mínima de la literatura española
Autor: José-Carlos Mainer
Editorial: Turner
Año: 2014
Colección: Historias mínimas
Páginas: 273
ISBN: 978-84-15832-15-7
DIBA: 834.3”19”Mai










Índice
I ¿Otra historia de la literatura?
II En los orígenes
III Crisis y cambios en el siglo XIV
IV Humanismo y universalidad (1500-1580)
V Hegemonía y decadencia
VI Bajo el signo del reformismo ilustrado
VII El romanticismo realista
VIII Entre la nación y la modernidad
IX Después de 1939

Bibliografía
Índice y cronología de los principales autores y obras


De las jarchas hasta la última literatura
¿Hablamos castellano o español?
¿Cuándo y cómo se «inventó» la literatura española?
¿De qué habla La Celestina: de amor, de sexo, de brujería o de poder?
¿Son tan diferentes los relatos picarescos y la literatura piadosa del siglo xvi?
¿Dónde reside la originalidad de Cervantes?
¿Fueron escritores populares Lope y Quevedo?
¿Vale la pena volver a leer a los ilustrados españoles del siglo xviii?
¿Son cosas opuestas el romanticismo y el realismo?
¿Cuáles fueron las claves del esplendor cultural de 1900-1939?

 ¿Hay una literatura «de la transición» o «del desencanto»?

Para una crítica digna del libro ver 

“…toda tradición se inventa, como recordó Eric Hobsbawn hace tiempo, y que toda comunidad tiene mucho más de imaginada que de natural, como estableció Benedict Anderson.” (pág. 15)

“fueron textos provenzales los que utilizaban la exótica palabra [español] en los siglos XI y XII, cuando –al parecer- nadie había reparado en la urgencia de un apelativo común para las gentes peninsulares.” (pág. 21)


“…resulta revelador que solamente en 1925 –en plena dictadura de Primo de Rivera- la Real Academia cambiara el gentilicio de su Diccionario que solo desde entonces ha sido “de la lengua española”.” (pág. 22)


“Fue otro escritor de su tiempo, José Martínez Ruíz, Azorín, quien ganó más número de aficionados a los clásicos españoles y quien convirtió páginas olvidadas en referencias de la sensibilidad colectiva. Sus libros transformaron la percepción estética del pasado literario: Lecturas españolas, Clásicos y modernos, Los valores literarios, Al margen de los clásicos, Rivas y Larra, Los dos Luises y otros ensayos…” (pág. 27)

"El propio Lucena, (...) se espantaba en su Epístola exhortatoria a las letras: alguien le había preguntado quiénes eran "santo Ficeto" y "doña Bisodia", por no entender el "santificetur" y el "dona nobis hodie" del padrenuestro latino, y el les había contestado que eran el pollino y el buey del nacimiento de Cristo." (pág. 66)

"[El Buscón] ...,debió de escribirse en torno a 1604 y, por tanto, cerca del modelo de Alemán y se difundió en manuscritos hasta su tardía publicación en 1626." (pág. 87)

"Eran patios abiertos [los corrales de comedias] (los cubrían unas lonas correderas, si el tiempo era inclemente),que no tuvieron asiento durante bastante tiempo y luego incorporaron simples bancos corridos. Estos acogían a los ruidosos "mosqueteros", porque las mujeres ocupaban las "cazuelas" de la parte de atrás y las personas de calidad alquilaban las balconadas. La moralidad no estaba muy segura en aquella promiscuidad invevitable, a las primeras horas de la tarde. Cuenta Juan Zabaleta que los espectadores espiaban los cambios de vestuario de las actrices, que se hacían debajo del tablado, y se sabe que quizá el éxito de las comedias con mujeres disfrazadas de hombres estribó en la posibilidad de admirar unas piernas femeninas hasta el inicio de las calzas acuchilladas." (pág. 94)

"A la muerte del "Fénix de los Ingenios" en 1635, el teatro nacional era una afición contra la que no pudieron las prohibiciones regias inspiradas por los moralistas (la más larga duró de 1644 a 1649, por las muertes sucesivas de la reina Isabel de Borbón y el príncipe Baltasar Carlos)." (pág. 100)

"Iriarte, Samaniego y Nicolás Moratín compartieron también la misma afición por la poesía escatológica y picante, una pasión que ha de verse como una consciente afirmación de la autonomía de la naturaleza y también, a menudo, como una manifestación de anticlericalismo militante. Lo primero es más visible en el divertido Arte de las putas, de Moratín; lo segundo llegó a su cumbre con el Samaniego de El jardín de Venus. Había leido con provecho las Fábulas libertinas de La Fontaine y pobló sus poemas de rijosos frailes jerónimos, tontos maridos engañados, beatas insaciables, inocentes jovencitos bien provistos y legos onanistas. Incluso el sesudo Jovellanos consignó en sus diarios cómo rio a mandíbula batiente al oír recitar a Samaniego su descripción del cenobio carmelita del desierto bilbaíno, en 1791." (pág. 124-125)

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